Los anillos inteligentes dejaron de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en una nueva categoría dentro de los wearables. Su atractivo está en ser una joya con sensores capaces de registrar información sobre sueño, actividad física y distintos indicadores corporales.
IDC proyectó que en 2026 se venderían 4.9 millones de anillos inteligentes, 12.8% más que el año anterior, y estimó que podrían alcanzar 6.3 millones de unidades en 2030.
¿Por qué están ganando terreno? A diferencia de un smartwatch, el anillo no tiene pantalla, por lo que resulta menos invasivo; puede utilizarse durante el sueño sin la sensación de llevar un reloj; está diseñado para permanecer en el dedo prácticamente todo el día; se sincroniza con el teléfono para mostrar los datos recopilados; su apariencia se acerca más a un accesorio personal que a un dispositivo electrónico.
El portal de tecnología Xataka identificó entre las principales propuestas disponibles modelos de Oura, Samsung, Ultrahuman, RingConn y Amazfit, con diferencias importantes en materiales, autonomía, sensores y servicios.
El pequeño tamaño del anillo no significa que tenga pocas funciones. Dependiendo del modelo, puede incorporar: Sensores ópticos: registran frecuencia cardiaca y oxígeno en sangre. Sensores de temperatura: permiten observar variaciones corporales. Acelerómetro y giroscopio: identifican movimiento y actividad. Sensores de actividad electrodérmica: relacionados con cambios asociados al estrés. Medición de variabilidad de la frecuencia cardiaca, utilizada para analizar recuperación y respuesta física. Algunos modelos también incorporan NFC para pagos sin contacto.

