En el competitivo universo de las gemas finas, la jadeíta ha dejado de ser un misterio para convertirse en protagonista de un mercado global en crecimiento. Para los gemólogos, su valor reside en su belleza, pero sobre todo en un conjunto de características que la distinguen de otras piedras preciosas.
Según especialistas del International Gem Society, la jadeíta de alta calidad, especialmente la denominada jade imperial de intenso verde translúcido, es una de las variedades más raras y valiosas entre las gemas, con precios que pueden superar los de diamantes clásicos debido a su rareza geológica y demanda cultural sostenida.
La clave está en su color y translucidez, explica un evaluador de Lotus Gemology, quien afirma que las jadeítas más caras son aquellas con color uniforme, mínima inclusión y un brillo interno que deja pasar la luz, factores que pueden multiplicar su cotización en subastas internacionales.
El origen también pesa: las piezas birmanas siguen siendo las más codiciadas por conocedores, mientras que tratamientos químicos o teñidos reducen drásticamente su valor, apunta la guía de Sage Datum sobre valoración de jade.
Más allá del mercado, joyeros y expertos coinciden: la jadeíta es un símbolo cultural y económico que ha transformado piezas milenarias en inversiones modernas, desafiando las expectativas tradicionales sobre qué significa valor en joyería fina.

