La riqueza esmeraldífera de Colombia se concentra principalmente en Boyacá, donde municipios como Muzo y Coscuez forman parte de una tradición minera que ha convertido a la gema colombiana en un referente internacional.
De acuerdo con gemólogos, la concentración de los principales yacimientos en esta región ha convertido a sus piedras en uno de los productos mineros más reconocidos del país.Según datos de la Agencia Nacional de Minería (ANM), Boyacá ha llegado a aportar alrededor del 99 % de la producción nacional de esmeraldas. Entre las zonas más representativas se encuentran Muzo y Coscuez, reconocidas históricamente por sus depósitos y por la calidad de las piedras obtenidas.
Documentos históricos del Banco de la República registraron desde hace décadas la importancia de Muzo y Coscuez dentro de la actividad minera colombiana. Los yacimientos se encuentran en la región occidental de Boyacá, donde las esmeraldas aparecen asociadas a formaciones geológicas particulares.
Uno de los elementos que distingue a la esmeralda colombiana es su color verde, resultado de su composición química y de las condiciones geológicas en las que se formó. Sin embargo, la valoración de una piedra no depende únicamente de su tonalidad: también intervienen factores como transparencia, claridad, tamaño, corte y presencia de inclusiones.
En 2021, la ANM, junto con organismos especializados del sector, desarrolló la Guía de Buenas Prácticas de la Esmeralda Colombiana, destinada a orientar los trabajos de exploración y estimación de recursos y reservas.
Además, la ANM ha impulsado mecanismos de trazabilidad minera, mediante los cuales se registran transacciones y se verifica el origen de minerales comercializados provenientes de explotaciones autorizadas.

